
LA FAMILIA MÁSHBER.
Der Níster.
(Pinjas Kahanovich)
Traducción: Henelde y Abecais
Editorial Libros del Silencio.
Colección Miradas.
Barcelona. Mayo 2011.
886 pp.
ISBN 978-84-937856-4-2
Hay muchas páginas de literatura. Ésta es una más, desde luego. Pero es mía, y en ella recogeré todo lo que me gusta o me llama la atención de alguna manera. Es mi literatura, elegida y recortada a mi medida (aunque sea mucho decir)


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CUANDO LLEVABAMOS UN SUEÑO EN CADA TRENZA.
Editorial Kailas
Colección Serie Ficción
1ª Edición 2007
ISBN 13: 978-84-89624-27-6
226 páginas
Paralelamente, las disquisiciones de una monja, anciana y rebelde, ponen sobre la mesa, o en el texto, la enorme cantidad de obstáculos que, moralmente, se presentan para conseguir ser un buen cristiano (o una buena cristiana) incluso a pesar de la Iglesia. La hermana Patrocinia nos hila sus recuerdos en el tiempo presentándonos, de forma muy crítica a la vez que lógica, la evolución de las creencias a lo largo de nuestra Historia cercana, desde la época republicana hasta hoy.
* * * * * *
Después de leer una novela, tengo la mala costumbre de curiosear en la Red qué se respira sobre dicha obra. En este caso, la realidad es decepcionante. Dos o tres reseñas (ésta, claro, será una más) que no dicen nada, que se repiten – o se copian - de una a otra, transcripción literal casi de la contraportada del libro.
Éste, como algunos de los que he leído últimamente, es un “libro de mujeres”. Siempre me ha llamado la atención lo que muchos damos en llamar “el mundo de las mujeres”. Y no hay mujeres más dispares en esta novela que Puri, Trini, Pili, Mari, Yoli o Loli. Pero, aún en su disparidad, no me llegan a calar. Quizás yo no haya sabido llegar a ellas, ponerme en su lugar, pero sus historias me quedan algo lisas, desenfocadas y un tanto irreales. Como contrapunto de la farsa, cual violón de una orquesta, con voz profunda y dominante, la hermana Patrocinio hilvana su historia, independiente, paralela y contundente.
Hay, pues, que distinguir dos hilos narrativos:
El de las mujeres que se reúnen periódicamente en el bar a contar sus historias, a hablar de ellas y de las demás, unas veces de modo superficial, otras implicándose más en los problemas de sus amigas o pidiendo a éstas que se impliquen en los suyos. Este hilo me parece demasiado costumbrista, a veces obvio y, en mi opinión, demasiado estereotipado. Aunque quizás esa sea la intención del autor; mostrar cómo todo se mueve por estereotipos, encasillamientos de los que es difícil salir y rutinas de las que es casi imposible salvarse.
El otro hilo, más sólido pero a primera vista menos importante, me ha gustado, sin embargo, bastante más. La monja plantea cuestiones históricas, teológicas, inquietudes intelectuales, monólogos que algunas veces “rozan la herejía”, presentándonos una historia de la Iglesia que resulta bastante más interesante que muchas de las confesiones de los personajes del otro hilo argumental.
Me gusta, pero me confunde, el cameo literario que construye el autor en las últimas páginas, así como la intersección, para mí algo forzada, de los personajes de ambas historias en esas páginas citadas y que, a mí, me han costado un poco leer.
Según mi criterio, pues, es un libro hasta cierto punto descompensado. Las dos historias no tienen la misma fuerza, no están tratadas quizás con la misma intensidad.
Pese a ello los personajes, todos mujeres (si exceptuamos a Lucio, el dueño del bar, el “pepito grillo” o “la memoria de éstas”) se enfrentan a una misma situación: el descontento entre los sueños, las esperanzas de su juventud y la realidad demoledora de sus tristes vidas actuales.
Todos somos rehenes de nuestros sueños Quizás por eso, ellas evocan, con cierta envidia mezclada con tristeza, aquel pasado en el que, resumido en el título del libro, “llevaban un sueño en cada trenza”.
(Publicada en la web www.ciberanica.com)
EL NIÑO / EL BACHILLER / EL INSURRECTO (Trilogía de Jacques Vingtras)

Haruki Murakami.
Tusquets Editores. Colección Andanzas nº 649. Barcelona.
Febrero 2008. 1ª edición.
Traductora: Lourdes Porta.
ISBN: 978-84-8383-047-5
Rústica. 22,5 x 15. 386 páginas.
Murakami siempre me sorprende. Desde su primer libro que leí, “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo” hasta esta serie de veinticuatro cuentos, pasando por Tokio Blues. Norwegian Wood. (Sí, ya sé que me quedan algunas muy importantes como “Sputnik, mi amor”,” Al sur de la frontera, al oeste del sol”, “La caza del carnero salvaje” o “Kafka en la orilla” – ¡qué bellos títulos! - , pero nadie es perfecto, aunque algunas de ellas las tengo esperando en la zona de “leíbles”).
El autor: Según sus críticos, Murakami empezó tarde en la literatura (él mismo comenta que viendo un partido de beisbol decidió escribir), pero nunca es tarde si la dicha es buena. Amante casi obsesivo del jazz (lo comprendo), su afición a este género musical le hace plasmar en sus novelas numerosas referencias al tema. Es normal, claro.
Admirado por unos, vilipendiado por otros, cualquier persona que sobresale en alguna de las artes deberá enfrentarse a esa contradicción. El caso es no hacer caso (redundancia) de ello.
La obra: Veinticuatro cuentos. En un programa literario, hablando de esta obra, uno de los participantes resumía su crítica, antela aquiescencia del director de éste, diciendo algo así como “24 misterios que hay que desentrañar para obtener toda la sustancia de lo que Murakami escribe”. Personalmente no pienso que sea así.
Es cierto que cada relato es un misterio. En cada uno de ellos aparece un hecho inexplicable, desconcertante. Pero que nadie busque desvelarlo al final de cada historia. Los misterios están ahí como la ensalada en las comidas. Casi como un acompañamiento, la sazón que se añade, el darle buen sabor. Pero, al final, cada cuento es sólo el reflejo de una opresiva, obsesiva e inevitable, rutina diaria.
Llego a la conclusión de que, en esos relatos, Murakami expone el vivir por el vivir, sin solución. Oportunidades perdidas, paraísos soñados y nunca desvelados, escaleras que se suben peldaño a peldaño sin más, hasta llegar al último y encontrarse con que el piso superior no difiere en gran medida del inferior. (Sin valorar que es un compendio que abarca desde sus primeros cuentos – harto deficientes – hasta los últimos, perfilados y elaborados con mimo como si de un bonsái se tratara)
Pero así es el autor. Con complejidades, pero sin soluciones.
Cada cuento está estructurado con un misterio que está ahí porque sí, como cada una de esas incógnitas en las que nosotros, personajillos de a pie y no literatos, nos encontramos día a día. ¿Se resuelven? No, posiblemente; o al menos, en su mayoría. Se quedan como asignaturas pendientes, como peces enganchados a un anzuelo que no tienen más relevancia que la de extraer un ser de un medio misterioso, oculto y que desconocemos en gran medida: el océano.
Y ahí está el interés de Murakami; con su complejidad teñida de simpleza o viceversa. Mas, ¿quién es capaz de bucear en el océano?
De una u otra manera el verbo, fluido y atractivo, el ambiente, con pinceladas de ese exotismo oriental, y las situaciones, impregnadas de una filosofía que nos transciende a los occidentales, hacen de la obra un volumen que es digno de leer.
Cuando lo acabemos podremos decir “mucho rollo” o “extraordinaria”. No importa; de una u otra manera entraremos dentro de uno de los dos grupos de los que hablé anteriormente.
Personalmente, a mí me ha gustado. Bastante.
Y para mí (redundancia), con eso es suficiente.
Seguiré siendo un incondicional de su obra.

La encontré por casualidad, al azar, despistada y confusa entre un montón de libros recién salidos de las prensas y expuestos en forma simuladamente anárquica encima de una mesa que era, a la vez, expositor y catafalco, principio y fin de muchas esperanzas literarias.
Allí descansaba Ángeles Mastretta. Y sin ella saberlo, sin presentirlo y en contra de mi propia voluntad me arrancó la vida haciéndome, desde ese momento, un incondicional de ella misma expresada en un desordenado alfabeto. Su feminismo suave – en aquel momento – haciendo protagonistas de una vida a la esposa de un General, cautivó mi interés.
Quizás incluso me enamoré de ella, o de la protagonista de aquella novela que se abrió en mis manos hace ya veinte años.
Pero los amores no son correspondidos por quien ignora tu vida.
Y, al paso del tiempo, como en un hechizo, sucumbí al mal de amores. Era lógico, se veía venir y, por supuesto, totalmente previsible. Con ese mal vinieron los celos. Cada vez que me encontraba con ella, olía ciertamente a García Márquez. El coronel Aureliano Buendía se me presentaba transformado en Daniel Cuenca, el amor de juventud de Emilia Saurí, una gran mujer que compagina sus dos amores en un velado triángulo amoroso que domina la protagonista. El feminismo sigue flotando en el ambiente de un México de principios del siglo XX, una época en la que ser feminista debía ser tan difícil como ahora presumir de no serlo.
La rondé y pasé, cogido de su brazo, ante mujeres de ojos grandes, rectoras de sus propias vidas y de sus decisiones, erradas o no. Yo, cohibido, evitaba mirarlas demasiado tiempo, intentando así la ilusión de evitar las murmuraciones.
En el calor del atardecer de Puebla nos dijimos nuestras confidencias, como oraciones buscando el corazón del otro. Ella, obsesionada con la vida, ansiosa de vivirla me contó sus secretos, me convenció de que la vida era para vivirla, para asombrarse con cada una de las nimiedades y contradicciones que ésta nos presentaba a diario. “En conclusión, – me dijo antes de que pudiese respirar hondo y desasirme de su hechizo – el cielo de los leones a veces es inalcanzable, cariño mío”.
Rendido, pues, a sus pies, le pedí que me dejase vivir con ella, despertar en sus sueños, oír de sus labios algunas frases hermosas.. . y entré en el clan de los Maridos.
Y en él estoy. He sido, desde entonces, veleidoso, olvidadizo, interesado, enamoradizo, consentido y consentidor, feroz y cobarde, machista y feminista,… He sido tantos hombres, casi todos prescindibles, que ya ni me acuerdo. Y ella ha sido todas las mujeres que pude uno imaginar. Fuertes, débiles, dependientes e independientes, madres, esposas y amantes, pero siempre, o casi, la columna vertebral y el eje principal de cada una de las familias que formamos y a muchas de las cuales yo abandoné.
Cuando terminé de leerme en Maridos, sentí que Ángeles se había vengado de mí en todos los hombres. Y había clamado justicia en todas las mujeres. Un poco injusto, a mi modo de ver, pero encantador, como ella es y como así me había construido en este nuevo libro que acabo de cerrar, de suspírarlo y de recoger de él, como frutas maduras, algunas de las frases más crueles y, a la vez, más bellas que pudiera oír un enamorado de labios de su amada.
Antes de dormirme miro la media naranja absurda de la portada del libro, susurro un “gracias, Ángela”, cierro los ojos y le envío tres besos en silencio de los que sólo ella ha de tener conciencia y yo… poca ciencia.


TÍTULO ORIGINAL: JONATHAN STRANGE & MR. NORRELL